Tras la independencia, muchos países del Tercer Mundo enfrentaron grandes dificultades económicas, sociales y políticas. Estas naciones no lograron romper con las estructuras coloniales: sus economías seguían dependiendo del exterior, organizadas en torno a sectores poco diversificados y controladas por empresas extranjeras o por elites locales aliadas. Esta situación expresa una forma de subdesarrollo , entendido no como una etapa previa al desarrollo, sino como una condición estructural de dependencia y desigualdad, que se origina en la relación histórica con las potencias coloniales. En este contexto, el desarrollo —concebido como la expansión de capacidades productivas, la mejora en la calidad de vida y la participación igualitaria en el bienestar social— resultaba inalcanzable para la mayoría de la población. Las condiciones de vida eran muy precarias: faltaban servicios básicos como agua potable o saneamiento, las tasas de natalidad y mortalidad eran elevadas, el analfabetismo e...